Cuadro de filósofos griegos.


cuadro-filosofia.doc

 

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Coloco aquí un archivo con el cuadro de los filósofos griegos. Es parte de la historia del pensamiento y quizá la más importante para Occidente. Hegel, pensador alemán, dice que toda la historia de la filosofía es una nota a pie de página de la obra de Platón. De esta manera nuestro cuadro se divide en dos: antes y después de Sócrates. Seguiremos profundizando en el tema.

Aprovecho también para decir que el próximo fin de semana El Mundo “regala” por 1 € un libro en el que se ofrece la biografía y pensamiento de Sócrates y Platón.

Recuerdo que las corrientes helenísticas llegan hasta Roma y en ella se extienden a todas las capas de la sociedad. Preferentemente la epicúrea y la estoica.

Platón, “Protágoras”


Hipócrates, amigo de Sócrates, se acaba de enterar que Protágoras, el sofista, acaba de llegar a Atenas. Va corriendo a casa de Sócrates a despertarle para que vaya a dialogar con él. -¿Y de qué se alimenta el alma, Sócrates?

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-Desde luego de enseñanzas, dije yo. De modo que, amigo, cuidemos de que no nos engañe el sofista con sus elogios de lo que vende, como el traficante y el ten­dero con respecto al alimento del cuerpo. Pues tampoco ellos saben, de las mercancías que traen ellos mismos, lo que es bueno o nocivo para el cuerpo, pero las alaban al venderlas; y lo mismo los que se las com­pran, a no ser que alguno sea un maestro de gimnasia o un médico. Así, también, los que introducen sus en­señanzas por las ciudades para venderlas al por mayor o al por menor a quien lo desee, elogian todo lo que ven­den; y seguramente algunos también desconocerán, de e lo que venden, lo que es bueno o nocivo para el alma. Y del mismo modo, también, los que las compran, a no ser que por casualidad se encuentre por allí un médico del alma. Si tú eres conocedor de qué es útil o nocivo de esas mercancías, puedes comprar sin riesgo las enseñanzas de Protágoras y las de cualquier otro. Pero si no, ten cuidado, querido, de no jugar a los dados y arriesgarte en lo más precioso. Desde luego hay un peligro mucho mayor en la compra de enseñanzas que en la de alimentos. Pues al que compra comesti­bles y bebidas del mercader o del tendero, le es posible llevárselas en otras vasijas, y antes de aceptarlas en su cuerpo como comida o bebida, le es posible deposi­tarlas y pedir consejo, convocando a quienes entien­dan, de lo que pueda comerse y beberse y de lo que no, y cuánto y cuándo. De modo que no hay en la compra un gran peligro. Pero las enseñanzas no se pueden transportar en otra vasija, sino que es necesario, des­pués de entregar su precio, recogerlas en el alma pro­pia, y una vez aprendidas retirarse dañado o bene­ficiado.

 Examinaremos esto luego con otras personas de más edad que nosotros. Pues somos aún jóvenes para discernir en un asunto tan importante.

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