Catulo. XII


Asinio Marrucino, de tu mano izquierda no haces un uso correcto: en medio de las bromas del vino robas los pañuelos de los más distraídos. ¿Crees que esto tiene gracia? Se te borra la razón, imbécil. No hay nada más sórdido y grosero. ¿No me crees? Cree a tu hermano Polión, que está dispuesto a cambiar tus robos por un talento, pues es un joven repleto de todos los encantos y de todas las gracias. Así que o espera trecientos endecasílabos o devuélveme el pañuelo, que no me interesa por su valor, sino por ser recuerdo de un amigo. Pues me enviaron de regalo de Iberia unos paños de Játiva Fabulo y Veranio. Es forzoso que yo los quiera como a mis amigos Veranio y Fabulo.

Albio Tibulo (vida)


Poeta latino, del momento de oro de la poesía romana. Sólo poseemos 16 elegías compuestas por él y, con ellas, ha pasado a la historia. “Horacio, amigo suyo, lo hace crítico de sus sátiras, protagonista de una de sus odas y destinatario de una bella epístola; Ovidio lo imita con adoración, llora su muerte y lamenta no haberlo conocido; Domicio Marso lo iguala en su género a Virgilio; para Quintiliano es el mejor elegíaco latino.”

Sin saber ni cuándo ni dónde nace, se intuye que muere el 19 aC, como Virgilio. Huérfano de padre, es criado en un ambiente provinciano por su madre y hermana. Pertenece al orden de los caballeros. Estudioso y pacífico por naturaleza, no comprende y se duele por las guerras civiles, de las cuales también sufre de forma directa la reducción de sus tierras. Vivió toda su vida sin apuros económicos y dedicado prácticamente a la literatura.

Horacio lo describe como agraciado, elegante, culto, bueno, elocuente y famoso. Enamoradizo, como demuestra su obra, dirigida a Delia, Mátaro y Némesis (pseudónimos).

Se acepta que, políticamente, pertenece al grupo de Mesala. Lo que no se comprende exactamente es el alcance de tal grupo. Aunque en principio se abogaba por su carácter conservador, hoy se acuerda que, si bien al principio sí existieron ánimos restauracionistas, tras la paz imperial, comprenden y aceptan las ideas de Augusto.

Segóbriga


Un saludo a todos.

Hoy hemos tenido el encuentro con Segóbriga. Como todos los años, desde hace 25 precisamente, se organiza un encuentro internacional de teatro grecolatino en ese enclave. Para quienes no conozcáis bien el lugar, os invito a buscarlo.

Es sin duda especial. España debe considerarse afortunada por tener lugares como estos, donde la propia historia se hace realidad visible, con el esfuerzo de arqueólogos. Aquí podemos divisar una imagen donde encontramos tanto un pequeño anfiteatro, como el teatro, el foro y las termas.

En el TEATRO, a pie de escena, hemos disfrutado la obra de Antígona, en la que Sófocles plasma de manera trágica la vida de una mujer dispuesta a saltarse las normas que imprimen los hombres en la sociedad para atender, con hilo directo y mucha valentía, la voluntad de los dioses y las leyes de la propia sangre. Una lectura que, vista desde la democracia, debería hacer pensar a pueblos y personas.

Posteriormente también hemos recordado, de alguna manera y con bastantes actualizaciones, la obra de Eurípides que narra el encuentro con el Cíclope. El famoso “nadie”, la defensa de los compañeros, la inteligencia puesta al servicio del bien común. Un drama satírico representado con alegría por muchachos a los que no se les olvidará esta experiencia y acercamiento a las raíces del mundo griego. De la obra destaca el carácter de Ulises, el descubridor de su propia identidad, de su propia heroicidad.

Un saludo a todos, sin más.

Mythologie et système solaire


Mitología griega en el arte


Visita guiada por Roma


Una visita guiada por Roma en la que podemos observar la magnitud de los edificios a media que son comentados, su importancia social y cultural, y la distribución de la misma.

Trailer: Asterix en los JJ.OO.


Drama. Una reflexión sobre el género literario.


Muchos ya saben que los géneros literarios no surgen sin más, sino con una finalidad concreta al servicio de la comunicación. Recuerdo, pero no lo diré, que una de las clases de la universidad comenzaba con esta pregunta: “¿Qué es un género literario?” En esas horas dedicadas al estudio aprendí mucho. No da igual pedirle una cita a alguien en poesía que en prosa, ni por medio del género épico que del lírico. Es una paradoja, pero no da igual. Esto me da que pensar, y ciertamente -un adverbio al que tengo un cariño desmesurado- la forma como se dan a conocer las noticias o como una persona entra en contacto con otra por medio de la palabra revelan algo muy íntimo de cada uno. Y más cuando lo que se hace es escribir.

Pues a mí me agradan, entre todos los géneros posibles, la dramática. Yo digo que es la actuación por medio de la cual se llevan al extremo las posibilidades humanas del sufrimiento y de la alegría. Y es cierto. Cualquier intermedio entre tragedia y comedia, es una mezcla sin orden contraria a la educación. Porque no hay que reírse de aquello trágico, ni llorar de mano de la alegría. Todo lo contrario. Y nos falta aprender eso, que cada cosa tiene su tiempo, y lejos de alejarnos de nosotros mismos nos comprendemos en nuestra historia. Un profesor mío, del que guardo algo más que una serie de apuntes o un mero recuerdo, comenzaba uno de sus libros parafraseando aquella tremenda frase socrática según la cual una vida sin pensamiento no merece la pena ser vivida. Esto muchos no lo comprender, por eso él lo compartía de una forma excelente: “Confío en que la verdad básica de la vida termina siempre por imponerese, y la vida, para ser hondamente gozada y sufrida, exige reflexión; pero me apena la idea de que llegue a no estar a mano de todo el mundo la oportunidad de un poco de soledad y labor filosófica, por simple desprecio comercial o por estragegia torpe de la política educativa“.

El drama es semejante a la vida en muchos aspectos. Pero en uno se diferencia de forma notable: el guión. Prescindiendo del guión, que en nuestro caso no está escrito y cualquiera que lo piense coherentemente debe estar dispuesto a entregar su libertad en manos de otros, el drama está compuesto de palabra y acción. ¿Qué más semejante a la vida? Ambas entrelazadas, unidas indisolublemente. Por eso digo que es como la vida, y no mera apariencia de ella. Apariencia de ella sería afirmar, y muchos a lo mejor lo harían de forma inconsciente, que la acción y la palabra no se unen en una única vida; o lo que es lo mismo, que es posible decirle “vida” donde sólo existiría la ruptura en el tiempo de aquello que somos: diálogo. Y sí, somos diálogo, y no sólo palabra. Y siempre seremos sólo diálogo, no triálogo y tretálogo. Cada vez que hacemos, no sólo laboramos o trabajamos, sino cada vez que hacemos de acción, ponemos en marcha nuestro discurso interior más profundo. Pues vida sólo se encuentra, y por eso todos la buscan, cuando nuestra acción está en concordancia con nuestro diálogo interior. Sócrates es un maestro en esto, y sólo iba al teatro que desarrollaba en Atenas un sólo dramaturgo. El resto, afincados fuera del hombre en las historias mitológicas, no le interesaban.

 Cuánto hay que aprender. Cuánto ayuda el drama. La sonrisa y el llanto.

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