Horacio. Oda I, 11


Tú no te preocupes -¡pecado saberlo!- qué fin a mí, cuál a ti dieron los dioses, Leucónoe, ni las babilonias cábalas consultes.

¡Cuánto mejor soportar lo que venga, ya si más inviernos nos ha concedido Júpiter o si es el último este que ahora deja sin fuerzas al mar Tirreno batiéndolo contra los escollos que se le enfrentan!

Sé sabia, filtra el vino y, siendo breve la vida, corta la esperanza larga. Mientras estamos hablando, habrá escapado envidiosa la edad: aprovecha el día, fiando lo menos posible el que ha de venir.

Horacio y el Carpe Diem


Huye de preguntarme qué va a ser del mañana y ten como ganancia el día, cualquiera que sea, que la Fortuna te dé; no desprecies, tú que eres joven, los dulces amores y los bailes en corro, en tanto que la tarda vejez se mantiene lejos de tu vigor. (Oda I,9)

Creo que en mi país son muy pocos los jóvenes que desconocen la expresión “Carpe Diem”. Lo que ya no puedo verificar es dónde la han aprendido. A mí me impresionó profundamente cuando el señor J. Keating comenzaba sus clases de literatura como profesor de la prestigiosa academia asentada sobre los pilares de la Tradición, el Honor, la Disciplina y la Excelencia “junto a” (no frente, como suele decirse de los profesores ordinariamente) un grupo de alumnos que nunca habían oído ni visto cosa igual.

Ya, pero la idea no fue de Keating. Tenemos que hacer justicia a las fuentes, a los grandes pensadores. Pero por esa regla de tres, quizá alguien anterior a Horacio fue quien la ensayó primero. Quizá Horacio la escuchó en algún círculo reducido de personas a un poeta inferior. No lo sé. Durante dos mil años hemos creído que se la debemos a Horacio, para qué andar pensando en otras hipótesis.

He leído hoy un trabajo que me ha dejado estupefacto. Alguien ha citado, para horror del profesor que tenga que leerlo, mal la referencia de este Carpe Diem latino. Por eso pongo arriba la indicación adecuada. Hoy por hoy, con los medios que tenemos, no encontrar algo con exactitud es incomprensible.

La reflexión sobre la Oda, para eso fue escrita, para dar qué pensar y ser pensada, la dejo al antojo de cada uno. Demasiado serio el tema. Máxime hoy, cuando en España vivimos el día después del fallecimiento de un deportista en pleno partido de fútbol de la liga. Sí, máxime hoy cuando muchos niños siguen muriendo de hambre, mujeres siguen como muertas bajo el tormento de la desigualdad, personas sufren el azote del olvido de la otra parte del mundo. Es verdad, la cita se vuelve seria y quiebra el mundo, mejor dicho lo muestra roto por las prisas y dureza de las botas de algunos de sus habitantes  y usuarios.

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