Píndaro, Nemea VIII


 Hay quienes piden oro y otros, tierras ilimitadas, yo pido deleitar a mis conciudadanos, hasta que la tierra cubra mis huesos- un hombre que alabó lo digno de elogio y sembró la acusación contra los malvados. Pero la excelencia humana crece como una vid, nutrida del fresco rocío y alzada al húmedo cielo entre los hombres sabios y justos. Necesitamos cosas muy diversas de aquellos a quienes amamos, sobre todo, en el infortunio, aunque también el gozo: busca unos ojos en los que confiar.

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