Albio Tibulo (vida)


Poeta latino, del momento de oro de la poesía romana. Sólo poseemos 16 elegías compuestas por él y, con ellas, ha pasado a la historia. “Horacio, amigo suyo, lo hace crítico de sus sátiras, protagonista de una de sus odas y destinatario de una bella epístola; Ovidio lo imita con adoración, llora su muerte y lamenta no haberlo conocido; Domicio Marso lo iguala en su género a Virgilio; para Quintiliano es el mejor elegíaco latino.”

Sin saber ni cuándo ni dónde nace, se intuye que muere el 19 aC, como Virgilio. Huérfano de padre, es criado en un ambiente provinciano por su madre y hermana. Pertenece al orden de los caballeros. Estudioso y pacífico por naturaleza, no comprende y se duele por las guerras civiles, de las cuales también sufre de forma directa la reducción de sus tierras. Vivió toda su vida sin apuros económicos y dedicado prácticamente a la literatura.

Horacio lo describe como agraciado, elegante, culto, bueno, elocuente y famoso. Enamoradizo, como demuestra su obra, dirigida a Delia, Mátaro y Némesis (pseudónimos).

Se acepta que, políticamente, pertenece al grupo de Mesala. Lo que no se comprende exactamente es el alcance de tal grupo. Aunque en principio se abogaba por su carácter conservador, hoy se acuerda que, si bien al principio sí existieron ánimos restauracionistas, tras la paz imperial, comprenden y aceptan las ideas de Augusto.

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Cayo Valerio Catulo (vida)


Nacido en Verona (87aC), hijo de un comerciante con una gran fortuna y grandes amistades, entre las que se incluye al mismo Julio César, que se alojó varias veces en su casa cuando viajaba a las Galias. Después de una sólida formación en su provincia, siendo joven viaja a Roma y allí se introduce dentro de los círculos literarios de la época. En Roma se enamora de una joven, a quien se refiere con el sobrenombre de Lesbia (quizá Clodia, hermana de P. Clodio Pulcher y esposa de Q. Metelo Céler, a quien el mismo Cicerón, que era amigo suyo, califica de “un desierto”), y a quien dedica veinticinco poemas que son capaces de narrar la historia desde sus comienzos idílicos hasta el desenlace final en el que es rechazado por un amor más joven.

Representa de forma excepcional el ideal de la poesía y un rotundo contraste con la vida tradicional de Roma (frente a Cicerón).  Dentro del movimiento neotérico (como los novísimos del tiempo) ama la cultura griega y adapta a “lo romano” todo lo que en ella pueda existir de innovación. “Se importan las nuevas normas de la literatura helenística, nuevos géneros, nuevas formas métricas, etc.; la música y la danza como elementos educativos; la mujer cuanto integrante de cenáculos literarios e incluso políticos; los aristócratas al frente de la plebe, la libertad como bandera en todos los frentes.” Buscan momentos diversos en los que puedan encontrar su inspiración, integrando su poesía con la vida: el ambiente bohemio, alternando estudio, producción literaria y vida festiva y amorosa.

Los amores de Catulo forman parte intrínseca de su obra. Clodia (a quien llama Lesbia) era culta, admiradora de la poesía, de la música y de la danza, participaba en cenáculos y tertulias. Se conocieron en Verona, y la llegada a Roma de Catulo le abre un universo grande de posibilidades: tanto el amor de Clodia como la incorporación en la ciudad a los círculos literarios, la moral de los nuevos círculos y las expectativas que se ciernen sobre un poeta joven que es escuchado. Pero no todo fue romántico: la muerte de su hermano, las traiciones de sus amigos y también de su amante, con quien había esperado casarse a la muerte de su marido, golpean su vida. Sólo al final de su vida, después de una agitada estancia en Roma, recupera la inocencia que había cultivado en Verona.

En cuanto a lo político, pese a ser amigo de César, mantiene mucha distancia frente a los ideales políticos. Critica tanto a César como a Pompeyo. De hecho, el mismo César, al sentirse atacado por sus versos cargados de rabia, sentó a Catulo a su mesa en la casa de su padre. ¿Cambió Catulo tras la conversación? Probablemente, no. Pero canta en su poesía las victorias de César en las Galias y Britania, quizá movido más por el patriotismo.

Un acontecimiento va a marcar su vida: la muerte de su hermano mayor en Oriente y su entierro en Troya sin las correspondientes honras fúnebres. Lugar al que viajó años más tarde junto a Memmio, por diferentes motivos.

Muere muy joven, con treinta años.

Virgilio (Vida)


Publio Virgilio Marón, 70-19 aC.

 Nacido en Andes, cerca de Mantua, en la Galia Cisalpina, en el primer año del Consulado de Pompeyo. Por lo tanto era galo y un poco mayor que el poeta Horacio y que el emperador Augusto.

Su padre, según las fuentes antiguas, era rico pero de origen humilde, y su madre debía estar bien relacionada. Fue educado en Cremona y Mediolanum, y posteriormente estudió filosofía y retórica en Roma.

Los terrenos de la familia sufrieron pérdidas para poder dárselas a los licenciados del ejército de Antonio y Octavio tras las batallas de Filipos en el año 42. En torno a ese año comenzó a escribir sus Églogas, obra que le trasladó del círculo de Polión al de Mecenas (a quien presentó a su vez a Horacio) y Octavio. Posteriormente empezó a trabajar en las Geórgicas, publicadas el año 29 aC, e inmediatamente en la Eneida, que le ocupó hasta su muerte.

Un año antes de morir emprendió un viaje hacia el este para visitar los lugares que describía en su obra. Cayó enfermo en Mégara, Grecia, y regresó a Italia muriendo el 20 de septiembre en Brindisi.

La Eneida estaba incompleta por entonces. Hizo prometer a Vario que la quemaría si moría, pero por orden de Augusto fue publicada después de que Vario y Tuca la hubieran “corregido ligeramente”.

Hesíodo


Hablo de él, antes que de su contemporáneo Homero, por un cariño especial hacia su obra y su figura histórica. Cierto es que, cuanto sabemos de él, debe ser puesto entrecomillado y afirmado con mucha cautela. En general, hablar sobre personajes de la antigüedad con cierta fiabilidad es difícil, pero de su obra se entresacan numerosos datos luminosos. Como se recoge en la memoria clásica de Alcidamante en el s. IV aC, Homero y Hesíodo batieron singular combate, literario como no puede ser de otra manera, en la corte del rey de Calcis. Compitieron ambos maestros de la palabra griega y al final le dieron el título de vencedor a Hesíodo por un motivo singular: “Por cantar a la agricultura y la paz, frente a la guerra y la muerte que propone Homero, según el juicio del gobernante frente al pueblo.”

Como he dicho, vive en tiempos de gran Homero, por lo tanto y también discutible, lo situamos en el siglo IX – VIII aC. El padre de Hesíodo es de Cime (Eolia) pero se establece muy próximo al lugar sagrado de Helicón, en una población llamada Ascra, buscando huir de la pobreza y la ruina que le había deparado la historia.

Destaca en la personalidad de Hesíodo su identificación con el mundo del campo y la dureza que conlleva someterse a sus imprevisibles resultados y frutos por la dependencia que genera. Es un hombre piadoso, a pesar de la ingratitud y la injusticia que ofrece, no pocas veces, la agricultura. En sus ideas más religiosas Zeus, padre y rey de todo el panteón, es un dios que está ligado a la justicia y que tiene como misión imponer su criterio “justo” frente al caos para poder generar el orden que el mundo requiere para su feliz desarrollo.

Sus dos grandes obras son “Teogonía” (sobre el origen de los dioses, con la pretensión de ordenar y ofrecer a sus conciudadanos una buena historia en la que afianzar sus creencias) y “Los trabajos y los días” (donde afirma la importancia del mundo del campo, frente a otros parajes y ciudades, resaltando su belleza y características; en él asiente que “el trabajo no es ninguna deshonra; la inactividad es una deshonra. Si trabajas pronto te tendrá envidia el indolente al hacerte rico. La valía y la estimación van unidas de la mano.”) Más adelante, en el blog y al ritmo de las reflexiones, haremos un comentario entero a la primera parte de esta obra, en la que se encuentran grandes relatos clásicos como Prometeo o el mito de las edades de los hombres. El final de la primera parte, es digno de ser escrito en letras mayúsculas en la entrada de cualquier biblioteca.

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