Teognis de Mégara (133-134)


Nadie, oh Cirno, es culpable de su ruina o provecho, sino los dioses que otorgan lo uno y lo otro. Ninguna persona se afana sabiendo en su mente si su acción será al fin provechosa o dañina. A menudo quien creía obrar mal hizo un bien, y pensando hacer un bien ha hecho un mal. A ningún hombre le sale bien cuanto quiere; porque los límites de su impotencia lo frenan. Los hombres en vano planeamos, pues nada sabemos. Los dioses lo cumplen todo a su antojo.

A %d blogueros les gusta esto: