Solón de Atenas (1D)


Espléndidas hijas de Zeus del Olimpo y de Mnemósine,

Musas de Pieria, escuchadme en mi ruego.

Dadme la prosperidad que viene de los dioses, y tenga

ante los hombres por siempre un honrado renombre,

que de tal modo sea a mis amigos dulce y a mi enemigo amargo;

respetado por unos, terrible a los otros mi persona.

Riquezas deseo tener, mas adquirirlas de modo injusto

no quiero. De cualquier modo llega luego la justicia.

La abundancia que ofrecen los dioses le resulta al hombre

segura desde el último fondo hasta la cima.

Mas la que los hombres persiguen con vicio, no les llega

por orden natural, sino atraída por injustos manejos,

les viene forzada y pronto la enturbia el Desastre.

Su comienzo, como el de un fuego, nace de casi nada,

de poca monta es al principio, pero es doloroso su final.

Porque no les valen de mucho a los hombres los actos de injusticia.

Es que Zeus vigila el fin de todas las cosas, y de pronto

-como el viento que al instante dispersa las nubes

en primavera, que tras revolver el hondón del mar

estéril y de enormes olas, y arrasar en los campos de trigo

los hermosos cultivos, alcanza el sublime hogar de los dioses,

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