Características de los dioses


Es algo que siempre me ha resultado entrañable. Muchas veces me encuentro personas que no son capaces de pensar en sí mismas, pero que con enorme facilidad definen a los demás, a la realidad y al mundo en el que viven. Esta es una tarea prometedora, sinceramente. Pensar la imagen de los dioses que tenían en la antigüedad es precioso. Es muy diferente a la mía, sinceramente. Los dioses griegos parecen caprichosos, preocupados de sus afanes simplemente, interesados “postmodernamente” por sus sentimientos, arrebatos e incomprensiones. Es todo un mundo de relaciones entre ellos, normalmente tendiendo a la desaveniencia, cuanto menos curiosas.

Para Homero, que es quien tomo de referencia sin que él lo sistematizara, evidentemente, como estoy dispuesto a hacer yo -que me perdone si me equivoco-, los dioses tienen principalmente tres características -siempre a diferencia de los hombres-. Enumero sin más, y ojalá algún día pueda pararme a explicarlas con más cautela:

1. Son inmortales. Es decir, nacen y viven en el tiempo, pero beben ambrosía, lo cual les da la inmortalidad. Pueden morir, ciertamente, aunque no es lo normal. Los enfrentamientos entre unos y otros se libran “al margen” de la muerte, en otra dimensión.

2. Son inteligentes en grado sumo. Mientras los hombres tienen que pasar “carros y carretas” para acertar con las soluciones a sus problemas, los dioses tienen una inteligencia superior que les permite conocer al instante, como intuitivamente, la realidad. De este tipo de inteligencia los seres humanos participan, pero en medida tan ridícula en comparación con aquellos, que es “indignante”.

3. Llevan una vida fácil. Esto no hace falta explicarlo. Yo mañana madrugo, ellos no. Con esto está dicho todo, creo.

No me puedo detener más en estas cuestiones; no por falta de ganas, sino por limitaciones del tiempo del que dispongo. Si alguien tiene alguna cuestión, pregunta, interrogante, sugerencia, discusión… que haga su comentario. En cuanto pueda, será atendido en la medida de mis torpes y límites “limitaciones”.

Panteón Olímpico (Pre.2)


Lo que sigue, desde el nacimiento de los primeros seres divinos hasta la constitución de la Asamblea de los dioses en el Monte Olimpo, con Zeus a la cabeza, sólo se puede comprender en la siguiente relación: URANO – CRONOS – ZEUS. Una cuestión sencilla, para comenzar, es saber que son puestos en relación de parentesco directo: Urano es padre de Cronos, y éste de Zeus; y cada uno de los hijos ha pasado a la historia por ser parricida, de tal modo que Cronos asesina a Urano, y a su vez es asesinado después de larga lucha por Zeus.

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URANO (cielo) nace de GEA (tierra) con quien tiene diversos hijos. Por miedo a que le quiten el poder que ha conquistado “rodeando la tierra” los envía tan lejos como puede de sí mismo, de tal manera que los encierra en el TÁRTARO. El hijo menor, CRONOS (tiempo) es ayudado por GEA para vengar a su padre URANO, y es así como, tras su liberación y ayudado por los Cíclopes y Hecatónquiros, armado con una hoz castra a su padre.

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CRONOS se casó con su hermana REA (vida fácil) y, a causa del parricidio, se le auguró que sería derrocado por uno de sus hijos al igual que él había matado a su padre. De esta manera, en cuanto REA daba a luz, CRONOS devoraba a los suyos. Ya había hecho lo propio con cada uno (Hestia, Deméter, Hera, Hades, Poseidón) cuando nació ZEUS. En lugar de entregarle a éste, REA le dio a CRONOS una piedra que engulló tranquilamente quedando después tranquilo.

Adiestrado en la guerra, ZEUS liberó a sus hermanos haciendo vomitar a su padre con una pócima, y liberó a los Hecatónquiros y Cíclopes para luchar contra CRONOS y sus aliados los Titanes, seres legendarios de enormes dimensiones. A esta batalla se la denomina precisamente por esto “Titanomaquia”, en la cual Zeus instaura su “mando” en el Olimpo. La victoria fue de Zeus, y así se constituyó como Señor de los confines y dios por encima del resto. GEA nunca comprendió los castigos que después ejerció sobre algunos que se habían opuesto a él, por lo que engendró a los Gigantes para enfrentarse a Zeus. A esta nueva contienda se la llama “Gigantomaquia”. Entre los gigantes, por ejemplo, destaca Tifón. En esta lucha ya aparece Hércules como promesa de justicia que será instaurada, luchando junto a su padre Zeus. Será el primer padre y el primer hijo que se enfrentan juntos, y no uno contra el otro, en la generación de los dioses olímpicos.

Panteón Olímpico (Pre.1)


Es necesario atender a los preliminares para comprender la importancia decisiva que tienen estos doce (o trece) dioses en el conjunto de la literatura, la religión y el pensamiento grecolatino. Elijo pensar estas cuestiones a partir de la Teogonía de Hesíodo.

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Según este relato existen tres realidades primigenias y originarias, de cuyo origen poco podemos saber, si fuese posible llegar a comprender para los hombres su inicio. (1) El JAOS (escribo tal y como pronunciaríamos ese nombre en castellano), que es la hendidura u hondanada universal. Esta palabra designa en griego moderno el bostezo porque deja ver el paladar. La boca es en nuestras dimensiones lo que piensan los griegos que es el mundo realmente: con su bóbeda -paladar-, su superficie terrestre -nuestra lengua- y los límites del orbe -dientes más allá de los cuales existe la caída del Tártaro-. Prescindiendo de cualquier forma, lo que queda es el hueco, es decir, el jaos. En él se suceden, todavía sin actores, como si se tratase de un escenario, el día y la noche. (2) Incapaz de pensar su origen, la Tierra (GEA) tiene que haber existido desde siempre tampién. Notamos la diferencia entre JAOS y GEA, según Hesíodo. (3) Por último, no menos importante, está el Amor Pasional, la fueraza del devenir, que recibe el nombre de EROS. Sin su impulso vita, sin su fuerza, no tiene sentido que exista nada ni nada pueda llegar a existir. Lo erótico es, en el mundo de Hesíodo, todo lo relacionado con el ritmo del devenir, de lo que no puede dejar se seguir siendo y fructificar en otras formas diferentes. Gracias a EROS el resto de realidades de la vida llegarán a ser. Por esto precisamente EROS no tiene descendencia; él mismo es la continuidad.

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De JAOS surgen, casi espontáneamente en el relato, EREBOS (habitación debajo de la bóveda, bajo cualquier suelo pensable) y NOCHE (no como algo propio, sino subrayando que todavía no hay luz). De ella naceran ETER y DÍA, entre otros. También queda consignado el nacimiento de esta unión tanto HIPNO (sueño) como el mismo THANATOS (muerte), las ESPÉRIDES y las nueve MOIRAS.

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De GEA se genera el mundo estrellado, el soporte de las estrellas, llamado URANO (que significa cielo). Y con estos dos personajes, comienza la historia que llegará a ser cuestión de los Olímpicos.

Hesíodo


Hablo de él, antes que de su contemporáneo Homero, por un cariño especial hacia su obra y su figura histórica. Cierto es que, cuanto sabemos de él, debe ser puesto entrecomillado y afirmado con mucha cautela. En general, hablar sobre personajes de la antigüedad con cierta fiabilidad es difícil, pero de su obra se entresacan numerosos datos luminosos. Como se recoge en la memoria clásica de Alcidamante en el s. IV aC, Homero y Hesíodo batieron singular combate, literario como no puede ser de otra manera, en la corte del rey de Calcis. Compitieron ambos maestros de la palabra griega y al final le dieron el título de vencedor a Hesíodo por un motivo singular: “Por cantar a la agricultura y la paz, frente a la guerra y la muerte que propone Homero, según el juicio del gobernante frente al pueblo.”

Como he dicho, vive en tiempos de gran Homero, por lo tanto y también discutible, lo situamos en el siglo IX – VIII aC. El padre de Hesíodo es de Cime (Eolia) pero se establece muy próximo al lugar sagrado de Helicón, en una población llamada Ascra, buscando huir de la pobreza y la ruina que le había deparado la historia.

Destaca en la personalidad de Hesíodo su identificación con el mundo del campo y la dureza que conlleva someterse a sus imprevisibles resultados y frutos por la dependencia que genera. Es un hombre piadoso, a pesar de la ingratitud y la injusticia que ofrece, no pocas veces, la agricultura. En sus ideas más religiosas Zeus, padre y rey de todo el panteón, es un dios que está ligado a la justicia y que tiene como misión imponer su criterio “justo” frente al caos para poder generar el orden que el mundo requiere para su feliz desarrollo.

Sus dos grandes obras son “Teogonía” (sobre el origen de los dioses, con la pretensión de ordenar y ofrecer a sus conciudadanos una buena historia en la que afianzar sus creencias) y “Los trabajos y los días” (donde afirma la importancia del mundo del campo, frente a otros parajes y ciudades, resaltando su belleza y características; en él asiente que “el trabajo no es ninguna deshonra; la inactividad es una deshonra. Si trabajas pronto te tendrá envidia el indolente al hacerte rico. La valía y la estimación van unidas de la mano.”) Más adelante, en el blog y al ritmo de las reflexiones, haremos un comentario entero a la primera parte de esta obra, en la que se encuentran grandes relatos clásicos como Prometeo o el mito de las edades de los hombres. El final de la primera parte, es digno de ser escrito en letras mayúsculas en la entrada de cualquier biblioteca.

Clasificación de los mitos


Existen muchas formas de clasificar las cosas. De hecho es un ejercicio que se ha convertido en un hobby prácticamente. Entre “clasificar”, “coleccionar” y “ordenar” existen pocas diferencias. Dicen que los españoles somos las personas que más tiempo perdemos “ordenando” nuestro cuarto para poder trabajar, o en su defecto ordenando la misma mesa de trabajo para poder desarrollar nuestra función. Es cuestión de estadística. El caso es que los alemanes parecen los más “cuadrados” mentalmente, y eso les hace aventajarse en algunas cuestiones.

Por ejemplo, la mayor parte de las clasificaciones de los mitos provienen del mundo germánico. Es cuestión de comprobarlo, pero ahí está.

Las taxonomías (clasificaciones) se hacen en relación a las características que queremos descatar. Hay muchos criterios que se pueden aplicar. En la antigüedad, por ejemplo, el usado fue el relacionado con la línea de tiempo. Se trataba entonces de ordenar los mitos “según habían surgido en el tiempo”, unos antes y otros después, y así sucesivamente. Los libros más importantes serían entonces de Hesíodo (Trabajos y Días), Ovidio (Metamorfosis) y el gran Apolodoro (lo pongo el último, porque quizá sea especial).

Hoy ofrezco dos clasificaciones sencillas. La primera en función de aquello que explican (pasado, presente y futuro) y la segunda en base a la forma en que han sido contados en la literatura.

 De esta manera tenemos, respecto a lo que explican: (1) Mitos relacionados con el orgien. Dan a conocer cómo surgieron los mismos dioses (Teogonías), e incluso el mundo (Kosmogonías), los hombres (Antropogonías) u otros seres, como montañas, plantas, animales… (Etiologías). (2) Por otro lado, ya centrados en el “presente” de los seres humanos, se sitúan los que dan a conocer qué es lo bueno y qué es lo malo, cuál es la conducta mejor y cuál, por ende, reprochable. Estos mitos se denominan: Éticos. Son más difíciles de identificar con claridad, a diferencia de los anteriores. Nos referimos, por ejemplo, a la manzana de la diosa Discordia, el ya conocido relato entre Eco y Narciso, el relato de Eros como hijo de Poros y Penia, prácticamente la totalidad del viaje de Odiseo (Ulises) o de Jasón y los argonautas. (3) Para terminar, los relacionados con preguntas sobre el futuro. ¿A dónde o cómo será ese mundo? Sabido es que en la literatura, para poder contar con detalle y verosimilitud estas cuestiones, hace falta que algunos “hombres o seres” vengan de aquel mundo que atrapa a los mortales. Cuentan que lo consiguieron pocos, pero algunos de gran importancia. Entre ellos Hércules, Orfeo, Eneas… y pocos más. Gracias a ellos tenemos un mapa del mundo “de abajo” (Hades) que agrupa a los relatos mitológicos conocidos como escatológicos. Destacamos la descripción de los Campos Elíseos, la figura de Caronte y del can Cerbero, pero también historias que atañen a los dioses de allí abajo como Thanatos o Proserpina.

Respecto a las formas que adquieren, y que hay que tener en cuenta porque los destinatarios y, en parte, también la historia es modificada, nos hacemos cargo de los famosos géneros literarios. Un género literario es una forma, como molde social, que sirve para la comunicación. Por ejemplo, una carta es un género literario adecuado en ciertos contextos, en algunos de los cuales no es válida una poesía. ¿A algún padre se le puede ocurrir escribir una poesía para pedir cita con el tutor de su hijo? Pensaríamos todos que está algo mal de la cabeza, cuanto menos. Pero tampoco se puede escribir una novela o una obra de teatro para hacer una declaración de amor. Lo justo en ese momento es algo que sea claro y bonito, y también directo.

En atención a los géneros literarios, por lo tanto, en la antigüedad se fraguan los tres clásicos (si bien algunos de ellos se pueden subdividir, no vamos a entrar en detalles). (a) La épica, en torno a los grandes acontecimientos o personajes, escrita en poesía para ser narrada y declamada en público por “profesionales” de la lengua y de las tradiciones de los pueblos. (b) La dramática, en su versión de comedia y tragedia, sirve también como sustrato para contar historias capaces de tocar los extremos de la persona: bien hacia la risa descontrolada -y pobre del dramaturgo que no lo consiguiese- o bien hacia el llanto y la compasión -y pobre de quien prometía estas emociones y no las alcanzase-. (c) Tampoco podemos dejar de lado la lírica. Aunque no es como tal un género literario que pueda ser compredido al margen, para muchos, en el mundo clásico grecolatino, por cuestiones didácticas así lo entendemos. La lírica versa sobre los sentimientos interiores, frente a las grandes hazañas de legendarios guerreros. Estos sentimientos interiores se expresan por lo tanto a través de poemas, en cuya bocanada aparecen alusiones continuas a los dioses y sus propias aventuras.

Estos son los dos grupos que debemos tener en cuenta, al menos para empezar, a la hora de comprender los mitos clásicos. Como alguno ya se habrá dado cuenta, vale para esta parte de la literatura casi tanto como para la inmesa mayoría de la escritura universal.

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