Definiendo “mito”


Al leer “Metamorfosis” de Ovidio comprendí que el mundo mitológico es algo bellísimo, que han tenido que pasar muchos años para contar tantas narraciones, para recrear el mundo de esta manera. Sólo en la imaginación un árbol puede ser una doncella que escapa para guardarse eternamente del abuso, y sólo en la imaginación el famoso minotauro nace de una mujer y de un toro, y sólo en la imaginación el nacimiento de nuestro género (de nuestra estirpe, la humana) proviene de los huesos de manos de una primera pareja interesada por nosotros… ¿Sólo en la imaginación?

Me pareció genial. Los antiguos se preguntaban por el Eco, por la hermosura del Laurel triunfador, por los entresijos del palacio de Gnosos, por los misterios que encierran los sueños, por la envidia. Yo también me pregunto por todas esas cosas, o al menos en algún momento lo he hecho. Me pregunto por qué ciertas rocas hacen rebotar mis palabras repitiéndolas, y por los árboles y su gran diversidad y las posturas que dibujan, y también me pregunto por la lluvia y las nubes y el granizo… Me pregunto por tantas cosas… quisiera conocer y saber sobre tantas… Los antiguos lo mismo.

Hoy la ciencia nos da razones para entender muchas de ellas. Los sonidos son ondas que se transmiten por el aire, que rebotan en las piedras y por eso puedo volver a escuchar mi voz. Los antiguos no podían comprender esto. Era imposible para ellos. Nosotros hemos dado un paso muy grande, la ciencia nos ayuda a comprender todas estas preguntas y a seguir formulándonos más.

Pero hay una cuestión de los antiguos que es apasionante. Su capacidad creativa, su imaginación, la belleza de las explicaciones y las narraciones. Entonces busqué, cuando leí “Metamorfosis”, definiciones de “mito”. En internet se encuentran muchas. Yo también cree la mía:

El mito es, primero de todo, una respuesta a una pregunta humana. Nace de la capacidad que tiene la persona para no quedarse en “esto sucede y ya”, “esto es así y punto”. Nace de la pregunta por qué, del para qué, del cómo… Las preguntas son maravillosas.

El mito es, segundo, una narración imaginaria. No es la razón científica la que responde, es la imaginación. Pero el pensamiento necesita palabras, y los antiguos eligieron narraciones para darle más vida, para comunicar lo que estaban pensando. Estas narraciones son, no de una persona, sino gracias a que fueron contadas durante años y años, propiedad de pueblos enteros que las comparten y se copian entre sí. Encontramos similitudes entre los griegos y la biblia, por ejemplo. Porque lo maravilloso de las narraciones es eso, que cautivan. Además, los antiguos eran “contadores de historias” vivaces, grandes comunicadores.

Y por último, los mitos son la intersección de dos mundos: nuestro mundo, con sus enigmas, y el mundo de los dioses. Los dioses son algo más que lo humano llevado a la plenitud, para los griegos y los romanos. Aunque de esto tienen bastante. Los dioses son seres que permiten explicar, que dan sentido a lo que ocurre. Su mundo, creado a parte, con sus disputas, celos y complicaciones, dan a entender que lo que ocurre entre los hombres, tiene una explicación. La razón imaginativa de las personas (porque la imaginación es racional, aún saliéndose de ciertas reglas básicas científicas) ofrece su versión de la realidad “pasando a través de ella”. De esta manera, los dioses (inmortales, inteligentes en grado sumo, y con una vida fácil) nos van contando con sus historias, nuestras historias.

Esta es mi definición de mito. Personal y criticable, como siempre. Pero por lo menos he hecho el esfuerzo de pensarla y expresarla.

 

 

Mi reflexión personal sobre esta cuestión.

Hoy pensamos, la mayor parte de las veces, mitológicamente. Por mucho que digamos que pensamos racionalmente, científicamente, la base sigue siendo la misma. Quizá narremos menos, lo cual va en detrimento además del pensamiento, pero seguimos imaginando.

Imaginamos un mundo de estadísticas y datos que pretende darnos la solución a todo. Y acudimos a él, de la misma manera que acudían los antiguos a sus narraciones.

En esto los antiguos nos llevan ventaja. Sabían perfectamente que narraban la realidad, que la contaban sin explicarla. Así cada uno podía acercarse a ella sin temor, pero con sentido.

Si hoy nos diésemos cuenta de las veces que “imaginamos creer que sabemos cómo son las cosas” estaríamos más abiertos a preguntas. Y las preguntas son la base de todo. ¿Nos hacemos hoy preguntas? ¿Nos interrogamos? ¿Nos inquietamos?

Me parece que sí, espero que sí. Pero quizá nadie nos ha ayudado a formularlas, ni nos da la oportunidad de preguntarnos por “nuestro sentido”, “nuestra vida”, “nuestras alegrías”, “nuestros deseos”…. “mi sueño”, “mi vocación”, “mi sufrimiento”, “mi historia”, “el sentido de las cosas”….

Los antiguos eran maravillosos.

¿Alguien se anima a hacerse preguntas?

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Acerca de José Fernando Escolapio
Soy religioso escolapio. Inicio este blog personal para poder ensayar y escribir cosas que voy pensando, pero también como un previo a otros blogs en los que abrir nuevos cauces para la gente con la que comparto el día a día, bien en la clase o bien en otros ámbitos. Me encanta el mundo antiguo, aunque nunca me consideraré experto. Disfruto el cine y la música.

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