El error de Gorgias (Platón, Diálogos)
El diálogo nombrado como “Gorgias” es una de las más extensas reflexiones platónicas. Sitúa a su maestro Sócrates junto a Gorgias, Polo y Calicles sucesivamente, en una apasionada conversación sobre la retórica o la vida política, o sobre ambas cosas indisolublemente unidas.
Como en todo diálogo, bien sabemos que se mezclan y entremezclan conceptos e ideas, discursos continuamente elaborados con el fin de aclararse unos a otros, poner paz y mostrar la verdad. Lo cual no es siempre fácil o posible. En éste caminamos sobre la vida política, de ahí al saber hablar, de ahí al contenido del que se habla en público que debe ser lo justo, de ahí a quién conoce lo justo sin ser justo, de ahí a lo peor que puede hacer una persona que es obrar injustamente, de ahí a que lo mejor es liberarse de la injusticia y la ignorancia… y así sucesivamente inclinándose también del lado del placer y los tipos de placeres, de lo bello, de la diferencia sofista entre la naturaleza y la ley, de la vida democrática y su fundamento, de los peligros, de lo que merece la pena ser vivido, de los gobernantes, de la vida después de la vida… Es difícil sondear el hilo de la conversación y cada uno de los temas que aparecen.
Todo se inicia cuando Gorgias, en un lugar sin identificar claramente, termina un discurso al tiempo que parece entrar Sócrates acompañado de Querofonte. El comienzo refuerza la imagen del “sofista” (Gorgias, hospedado en casa de Calicles) que se deja preguntar sobre cualquier cuestión porque desea mostrar que “posee un arte” capaz de abarcar cualquier cuestión de la vida pública. Ésta es la presentación admirada que hace el anfitrión de semejante “sabio”, junto a la cual aparece la figura tranquila de Sócrates “desenvainando” su primera pregunta: Qué es.
“¿Qué es?” Y al primero que se la explica es a su compañero Querofonte, que no comprende la cuestión. “Por ejemplo, -se explica Sócrates- si hiciera calzado respondería, sin duda que es zapatero.”
Y después de un bello “inciso” para distinguir el diálogo de la retórica, Gorgias se manifiesta a sí mismo como “un buen orador“, poseedor del arte de la retórica y capaz de hacer “buenos oradores” a otros. No sólo bueno, sino “que nadie es capaz -continúa Gorgias- de decir las mismas cosas que yo en menos palabras”. Pero ahora lo que interesa a Sócrates es de qué se ocupa la retórica, igual que el arte de tejer se ocupa de la fabricación de vestidos. Ante la pregunta, Gorgias alega que su objeto son los discursos. Matizando, no de cualquier discurso, sino de aquellos que capacitan para hablar y para pensar sobre… Y esta es la cuestión que ahora se abre. Primero diferencian entre discursos que aluden a operaciones manuales y entre discursos cuya actividad se manifiesta totalmente por medio de la palabra. Pero es insuficiente, puesto que hay otras que también son preferentemente “de palabra” como la aritmética.
Sócrates insatisfecho continúa su argumentación extrayendo de Gorgias un leve y continuo “Así es”. Hasta el punto de tener que invitarle: “Pues da la contestación tú también, Gorgias.” El segundo paso es que los discursos sobre los cuales es objeto la retórica son aquellos que tratan “de los más importantes y excelentes asuntos humanos.” Y obligado a explicarlo, por su ambigüedad, aunque había prometido claridad y concisión, continúa: “El que, en realidad, Sócrates, es el mayor bien; y les procura libertad y, a la vez permite a cada uno dominar a los demás en su propia ciudad.” “Ser capaz de persuadir, por medio de la palabra… en toda reunión que se trate de asuntos públicos. En efecto, en virtud de este poder, serán tus esclavos el médico y el maestro de gimnasia, y en cuanto a ese banquero, se verá que no ha adquirido la riqueza para sí mismo, sino para otro, para ti, que eres capaz de hablar y persuadir a la multitud.”
Este es el punto de inflexión. Gorgias se ha visto obligado a explicitar cuál cree que es, según él realmente, el objeto de su “arte”, junto con el “objetivo” de su vida: persuadir, dominar, esclavizar a otros por medio de la palabra de tal manera que los demás, en la ciudad, le entreguen sus bienes más preciados, como el banquero su dinero.
Con esto, de momento, lo dejamos. Continuará, pero hoy estoy falto de tiempo. Si alguien desea continuar con este excelente diálogo, le animo a ello. Con esto sólo añadir que seguiré hasta el final, pero hoy no.
Aristóteles y la amistad
Quizá no todos sepan que la amistad es uno de los temas más recurrentes en la literatura clásica. Lo encontramos en el teatro, en comedias y tragedias por igual y en sus más amplias vertientes, lo disfrutamos como parte de las relaciones entre los grandes héroes épicos excentes en sus apuestas y en sus agitaciones. Cómo no puede vivir en la lírica, acompasado de esas palabras incomprensibles que se entrelazan desde el corazón. Sorprende también en los grandes discursos, en la primigenia narrativa de la oratoria que conservamos, y se hace presente en todas las discusiones filosóficas sobre el ser, sobre el mundo y, progresivamente, sobre la sociedad y la persona.
Pero quizá no todos saben que la Ética a Nicómaco guarda, como una joya, dos libros enteros a semejante acierto de la sociedad y del corazón humano. La necesidad, como se cuenta, de alguien fuera de la sangre y de los lazos circunstanciales con quien se comparte más allá de lo accidental, entrando poco a poco en la sustancia de la vida e incluso compartiéndola exageradamente.
Recomendación para una tarde de verano: Leer al menos, de tan gran obra, los dos libros recomendados.
Agradecería, si alguno se atreve, poder ir comentado en este post, poco a poco, este librito. Quizá por párrafos, accesibles en distintas páginas de internet, o quizá por frases.
Safo de Mitilene (mirada)
Sólo es hermoso el hermoso cuando alguien lo mira,
mas si también bueno es, lo será de por vida.
——-
¿Qué puedo hacer? No lo sé. Pues mis deseos son dobles.
Safo de Mitilene (1D)
Inmortal celeste, de ornado trono,
dolotrenzadora, Afrodita, atiende:
no atormentes más con pesar y angustias
mi alma, señora,
sino ven aquí, si mi voz de lejos
otra vez oíste y me escuchaste
y dejando atrás la dorada casa
patria viniste,
tras uncir el carro: gorriones lindos
a la negra tierra tiraban prestos
con sus fuertes alas batiendo el aire
desde los cielos.
Y llegaron pronto, y tú, dichosa,
con divino rostro me sonreías
preguntando qué me pasaba, a qué otra
vez te llamaba
y que qué prefiero que en mi alma loca
me suceda ahora: «¿A quién deseas
que a tu amor yo lleve? Ay dime, Safo,
¿quién te hace daño?
Pues, si huyó de ti, pronto irá a buscarte;
si aceptar no quiso, dará regalos;
te amará bien pronto, si no te ama,
aun sin quererlo».
Ven también ahora y de amargas penas
líbrame, y otorga lo que mi alma
ver cumplido ansía, y en esta guerra,
sé mi aliada.
Teognis de Mégara (133-134)
Nadie, oh Cirno, es culpable de su ruina o provecho, sino los dioses que otorgan lo uno y lo otro. Ninguna persona se afana sabiendo en su mente si su acción será al fin provechosa o dañina. A menudo quien creía obrar mal hizo un bien, y pensando hacer un bien ha hecho un mal. A ningún hombre le sale bien cuanto quiere; porque los límites de su impotencia lo frenan. Los hombres en vano planeamos, pues nada sabemos. Los dioses lo cumplen todo a su antojo.
Solón de Atenas (3D. Eunomía)
“No va a perecer jamás nuestra ciudad por designio de Zeus ni a instancias de los dioses felices. Tan magnífica es Palas Atenea nuestra protectora, hija del más fuerte, que extiende sus manos sobre ella. Pero sus propios ciudadanos, con actos de locura, quieren destruir esta gran ciudad por buscar sus provechos, y la injusta codicia de los jefes del pueblo, a los que aguardan numerosos dolores que sufrir por sus grandes abusos. Porque no saben dominar el hartazgo ni orden poner a sus actuales triunfos en una fiesta de paz…Se hacen ricos cediendo a manejos injustos… Ni de los tesoros sagrados ni de los bienes públicos se abstienen en sus hurtos, cada uno por un lado al pillaje, ni siquiera respetan los augustos cimientos de Dike, quien, silenciosa, conoce lo presente y el pasado, y al cabo del tiempo en cualquier forma viene a vengarse. Entonces alcanza a toda la ciudad esa herida inevitable, y pronto la arrastra a una pésima esclavitud, que despierta la lucha civil y la guerra dormida, lo que arruina de muchos la amable juventud. Porque no tarda en agostarse una espléndida ciudad formada de enemigos, en bandas que sólo los malos aprecian. Mientras esos males van rodando en el pueblo, hay muchos de los pobres que emigran a tierra extranjera, vendidos y encadenados con crueles argollas y lazos(…) Mi corazón me impulsa a enseñarles a los atenienses esto: que muchísimas desdichas procura a la ciudad el mal gobierno, y que el bueno lo deja todo en buen orden y equilibrio, y a menudo apresa a los injustos con cepos y grillos; alisa asperezas, detiene el exceso, y borra el abuso, y agosta los brotes de un progresivo desastre, endereza sentencias torcidas, suaviza los actos soberbios, y hace que cesen los ánimos de discordia civil, y calma la ira de la funesta disputa, y con Buen Gobierno todos los asuntos humanos son rectos y ecuánimes.”
Solón de Atenas (1D)
Espléndidas hijas de Zeus del Olimpo y de Mnemósine,
Musas de Pieria, escuchadme en mi ruego.
Dadme la prosperidad que viene de los dioses, y tenga
ante los hombres por siempre un honrado renombre,
que de tal modo sea a mis amigos dulce y a mi enemigo amargo;
respetado por unos, terrible a los otros mi persona.
Riquezas deseo tener, mas adquirirlas de modo injusto
no quiero. De cualquier modo llega luego la justicia.
La abundancia que ofrecen los dioses le resulta al hombre
segura desde el último fondo hasta la cima.
Mas la que los hombres persiguen con vicio, no les llega
por orden natural, sino atraída por injustos manejos,
les viene forzada y pronto la enturbia el Desastre.
Su comienzo, como el de un fuego, nace de casi nada,
de poca monta es al principio, pero es doloroso su final.
Porque no les valen de mucho a los hombres los actos de injusticia.
Es que Zeus vigila el fin de todas las cosas, y de pronto
-como el viento que al instante dispersa las nubes
en primavera, que tras revolver el hondón del mar
estéril y de enormes olas, y arrasar en los campos de trigo
los hermosos cultivos, alcanza el sublime hogar de los dioses,
…
Alceo de Mitilene (142D)
Cruel, insufrible daño es la Pobreza, que a un pueblo
grande somete a la par de su hermana, la Impotencia.
Alceo de Mitilene (46D)
Me desconcierta la revuelta de los vientos. De aquí llega rodando una ola y por allá otra, y nosotros en medio arrastrados nos vemos en nuestra nave negra, afligidos por la muy enorme tempestad. El agua de la sentina ya cubre el pie del mástil. Toda la vela está ya transparente, y cuelga en grandes jirones su tela, no logran asidero las anclas, y el timón…
… mis dos piernas se afirman en las jarcias y sólo esto me mantiene a salvo. Toda la carga arrastrada fuera de borda va.
Alceo de Mitilene (119D)
De nuevo la ola, como la de antes, avanza
contra nosotros, y nos dará mucho trabajo
resistirla cuando aborde nuestra nave.
….
… Aprestemos la defensa lo antes posible
y corramos al amparo de un puerto seguro.
Que a ninguno de nosotros la duda cobarde
le acose. Claro está que es enorme el empeño.
Recordad las fatigas que antaño soportamos.
Y que ahora todo hombre demuestre su valía.
Conque no avergoncemos por falta de coraje
a nuestros nobles padres que yacen bajo tierra.