Platón. Diálogo “Eutifrón”
Sócrates comienza a conocer cuáles van a ser los cargos que la ciudad de Atenas pague en tributo a sus enseñanzas. La primera de estas acusaciones es la que se trata en este diálogo, con Eutifrón precisamente, a las puertas del Pórtico del arconte rey, que como es sabido trata de asuntos religiosos.
Veamos dos cuestiones previas. Atenas es una polis religiosa, profundamente religiosa, al menos a la forma de los antiguos. Tras alguna que otra lucha, la diosa Atenea ha sido exaltada por encima de otras divinidades, quedando sin embargo al frente del Panteón Zeus, de multitud de epítetos. Y por otro lado, segunda cuestión, la vida social es una cuestión religiosa en la medida en que las leyes se consideran instrumento o comunicación divina para regular todo lo relativo a lo humano y lo divino.
Dicho lo cual, Eutifrón trata con Sócrates de encontrar una definición de lo que es “piedad” y de lo que es “impiedad”. Eusebio, dicho sea de paso, significa “piadoso”. ¿Es fácil determinar qué es realmente piadoso y qué no lo es?
Nuestra idea mental de “piedad” está bastante alejada de lo que implica en griego. Cuando escuchamos esta palabra pronto vienen a la cabeza hazañas de grandes santos, ceremonias religiosas cultuales, mundo de curas, monjas y similares. Pero piedad no pertenece a este mundo conceptual; más bien se aleja. En una cuestión inicial Sócrates habla de “obrar bien” como sinónimo, al menos en parte, de lo que es piedad. “¡Por Heracles! De seguro que la multitud ignora lo que es realmente obrar bien. En efecto, yo creo que hacer esto no está al alcance de cualquiera, sino del que ya está adelante en la sabiduría.” Dos cuestiones por tanto: obrar bien responde a algo así como pensar bien, hacer el bien responde a ser sabio. Lo contrario es imposible, y por tanto una contradicción más que una casualidad.
Y esta es la cuestión: ¿piedad o impiedad? Sócrates fue acusado de impío.
Platón. Diálogo “Critón”
Estamos acostumbrados a pensar, al menos en Occidente o en el Occidente que yo vivo, que la palabra que hoy doy, en estas precisas circunstancias, puede que mañana no tenga validez si cambia el contexto, o varía la situación. Esta es la cuestión principal de este libro breve llamado “Critón”.
Nos presenta a Sócrates poco antes de ser juzgado ante el tribunal ateniense, previo por lo tanto, podríamos pensar, a la Apología. Critón, amigo que ha conversado durante largo tiempo con un Sócrates buscador en Atenas, le visita en la cárcel para indicarle el modo como puede salir del juicio sin perjuicio para su vida. La respuesta, mejor dicho propuesta o pregunta de Sócrates es tajante: examinemos si lo que antes decía ha cambiado, si han variado las afirmaciones sobre la vida que, en circunstancias favorables, fueron hechas. ¿Pueden, en definitiva, cambiar las afirmaciones y creencias en función del contexto, o son por el contrario más fuertes que éste? ¿Lo que antes se creyó bueno puede ser desmentido como tal por miedo a algo, por la respuesta que puedan dar los hombres, por la indiferencia que pueda causar?
Pongamos un ejemplo cotidiano, quizá más propio de mis alumnos pero comprensible de este modo para todos. Si yo le he dicho a alguien “te quiero” y lo he creído firmemente, y así lo he demostrado con mis acciones y pensamientos, con mi tiempo dedicado y buscando espacios comunes para el encuentro, ¿puedo dejar de quererla porque otras personas me digan algo, o porque aparezca en la relación el sufrimiento? ¿Qué pensaríamos de la persona que cambia de opinión por esos motivos? ¿Que antes era verdad y ahora mentira, o que se ha dejado engañar y ha variado su pensamiento y vida en función de unos criterios no válidos?
Volviendo a Sócrates, al Sócrates de Platón, la cuestión es la misma. Lo que va a defender es que si sus razonamientos eran ciertos entonces, es decir, que lo que antes dijo era verdad porque había sido examinado y pensado y sentido con detenimiento y no a lo loco, ahora también debe mantenerse en la misma actitud. Y más aún, no sólo debe mantener su posición sino que tampoco debe temer a nada. ¿Por qué? Porque si en un momento de tranquilidad pensó bien, ahora que aparecen dificultades aquel pensamiento y razonamiento asegura que se está en buen camino, y que dejarse llevar por impulsos sería lo más erróneo de todo.
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Un breve fragmento del inicio (44c):
SOC. “Pero, ¿por qué damos tanta importancia, mi buen Critón, a la opinión de la mayoría? Pues los más capaces, de los que sí vale la pena preocuparse, considerarán que esto ha sucedido como en realidad suceda.”
CRIT: “Pero ves, Sócrates, que es necesario también tener en cuenta la opinión de la mayoría. Esto mismo que ahora está sucediendo deja ver, claramente, que la mayoría es capaz de producir no los males más pequeños, sino precisamente los mayores, si alguien ha incurrido en su odio.”
SOC. ¡Ojalá, Critón, que los más fueran capaces de hacer los males mayores para que también fueran capaces de hacer los mayores bienes! Eso sería bueno. Pero la realidad es que no son capaces ni de lo uno ni de lo otro; pues, no siendo tampoco capaces de hacer a alguien sensato ni insensato, hacen lo que la casualidad les ofrece.”
Comentario a Anaximandro de Mileto
Discípulo de Tales, Anaximandro fue un hombre de profunda reflexión y de gran acción. No debemos entender que los filósofos son personas retiradas en el mundo de lo lejano y de las ideas, sino más bien personas de lo más práctico, adueñadas en su existencia por la fragilidad del pensamiento y también de su incomparable consistencia.
Anaximandro dijo que “el principio no es el agua ni ningún otro de los que se dice que son elementos, sino cierta otra naturaleza indefinida a partir de la cual nacen todos los cielos y todos los mundos que hay en ellos. Aquellas cosas de donde tienen los seres su nacimiento son las mismas en donde perecen según lo necesario; pues se dan unos a otros justicia y retribución de la injusticia según la disposición del tiempo. Así lo dice, con palabras más propias de la poesía”
El texto lo tenemos en Simplicio.
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A partir de aquí son reflexiones sobre lo que Anaximadro quiso decir con esas palabras tan poéticas, y por lo tanto tan oscuras. Reflexiones existen muchas. En la web incluso se encuentran grandes textos sobre este pequeño fragmento de la historia universal.
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Anaximadro habla, con mucha humildad, sobre aquello que “es” la realidad. Piensa que todo es “de donde procede” y por lo tanto debe ser llamado “principio”. Con humilidad porque poco más pudo decir. Pero utiliza una expresión griega que no significa sólo origen sino también “poder regio” (principio en cuanto “príncipe”, que de alguna manera determina y comparte su ser).
Aquello que es principio se extiende más allá de sí mismo dominando los seres en un continuo ir y venir, aparecer y desaparecer, en justicia y retribución de esa justicia. A esa dinámica de amor-odio también le da un contenido específico y clave: “necesidad”.
Lo principio es lo indefinido.
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Los seres (ta onta, expresión creada ad hoc por Anaximandro para hablar de la realidad que nos concierne y circunscribe, y que por lo tanto también “somos” cada uno de nosotros) son los que existen, a diferencia de “lo principio” pero siendo en función de él, es decir, son entes en tanto que hay un principio que les da origen y que supone para ellos final. Y esto es “necesario”.
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Lo indefinido es compartido esencialmente por lo principio, pero también más allá de sí mismo en los seres. Lo apeiron (en griego) se puede traducir por lo infinito, lo iliminado, lo indeterminado. No sabemos bien qué quiere decir con la experiención “aperion”, aunque está claro que resurge en la historia de la filosofía continuamente como aquello que no tiene ni límites ni se puede poner límites en él, pero puede ser pensado como necesario y como posible.
Comentario a Tales de Mileto
Pocas cosas se sabe de este sabio. No dejó nada escrito, según cuentan las crónicas, y eso hace más difícil aún hablar de él y de su filosofía. No fue sólo un pensador, sino que, considerado entre los Siete Sabios de Grecia, conocío todas las artes de su época y las engrandeció.
Los antiguos, y es una reflexión que hago como primer dato filosófico, no disponían de las herramientas para pensar que tenemos en la actualidad. Incluso carecían de grandes conceptos que atrapasen intelectualmente, para poder ser pensadas, muchas de las realidades que ahora conocemos. La lengua humana, en cualquiera de sus idiomas, se va desarrollando y con Tales también.
Tales es un observador. Según cuentan viajó a Egipto, donde pudo comprobar, tras su largo camino por el mar, las crecidas del Nilo. Allí donde alcanzaba el agua, también aparecía vida, de tal manera que todo cuanto surgía provenía del agua. Por así decir, el agua es el origen de todo. Y más allá de eso, comprobable a simple vista quizá, pensó también que “todo era agua”. Es decir, el agua se transformaba en las realidades a las que daba continuidad. El agua no desaparece, se transforma.
Todo aquello que es visible tiene que ver con el agua. Y hemos de pensar que también con sus cualidades.
De aquí en adelante… dejo que la gente piense.
Ser filósofo
Escribir filosofía o historia de la filosofía es una cuestión. Ser filósofo es otra diferente. Las dos primeras se pueden estudiar y hacen referencia a una reflexión sobre el pensamiento y sobre la realidad en su totalidad, sin que, quizá, se quede ningún rincón del mundo por ser pensado.
Ser filósofo es reconocer que la máxima herramienta otorgada al hombre es el pensamiento, y que su ejercicio no es el cansancio de noches enteras sin dormir leyendo, sino la vida misma. Ser filósofo es un ejercicio vital donde la realidad se dispone por encima de cualquier opinión personal, en la búsqueda de la verdad. Ser filósofo nace de una experiencia tremenda y fascinante: “nadie puede quedar indiferente a la verdad, y la verdad ha de ser buscada”.
A mis alumnos, cuando comienzan estas cuestiones en las clases, les intento mostrar esto. ¿Qué ocurriría si un hombre se diera cuenta de que todo ha sido mentira? O, ¿qué elegiría alguien a quien le van a confiar un secreto: un secreto de mentira o un secreto de verdad?
La verdad está en todas partes, de tal manera que todo puede ser pensado. Algunas preguntas con más urgencia que otras. Todo tiene que ser pensado, o de lo contrario la posibilidad de ser engañado siempre permanecerá invisible.
Ser filósofo es vivir en tensión: entre la verdad y la mentira. Sólo una verdad para todas las mentiras posibles, o medias verdades que viene a ser lo mismo. La verdad primero de la propia capacidad, que sitúa a la persona en la humildad necesaria para el pensamiento y la disposición de búsqueda que requiere todo aquel que no ha encontrado y desea hacerlo, o que ha encontrado sin haber sido totalmente consciente de dicho impacto.
Ser filósofo es no dejarse llevar por la vida corriente. Ser filósofo es pensar. Frente a quienes son principalmente sensitivos (quienes dan primacía a cuanto sienten) o volitivos (a los quereres), ser filósofo es el arte del descanso, el del pensamiento antes de la acción, el de la prudencia respecto a la vida y el temor a equivocarse de forma permanente y definitiva.
Ser filósofo nace de otra experiencia curiosa. La de conocer la mentira y el poder de la mentira. La mentira como el engaño, la frustración de haber confundido la propia vida y de estar perdido respecto a lo importante. La mentira, porque quien despierta a la filosofía se encuentra como habiendo dormido una gran siesta durante tiempo creyendo estar vivo. La filosofía es el nacimiento nuevo a una existencia curiosa en la que nada da igual y en la que todo es importante. La filosofía es filosofía por el detalle y cuidado minucioso de la existencia, donde los sentimientos cobran su relevancia justa igual que los propios deseos, igual que las propias opiniones sobre la existencia. La filosofía es detalle porque se piensa desde la amistad hasta el trabajo, pasando por las gigantescas preguntas del hombre sobre su origen y su futuro, sin que ninguna de las respuestas obtenidas, en diálogo permanente con la realidad, pueda considerarse como suficiente, como definitiva, como estable más allá de la vida.
La experiencia de la mentira es conjuntamente la experiencia del deseo de la verdad. A quien lo ha vivido, confundido, siempre le quedará el interrogante sobre por qué no pudo elegir o no eligió la verdad. La verdad es constitutivo del ser humano, igual que la filosofía, pero no todos dan el paso más allá de lo que es evidente o aparente.
Así es… aunque no del todo desarrollado. Siento mi cansancio en esta reflexión, pero ahora me voy a dormir.
Un saludo
Latín. Verbo “sum” con sencillez.
Página para el verbo sum y sus derivados.
Los primeros pasos… siempre exigen memoria.
http://iessapostol.juntaextremadura.net/latin/gramatica/ESQUEMAS/verbo_sum_y_sus_compuestos.htm
Muerte de Sócrates
Un acontecimiento único. Un hombre que defendió durante toda su vida la existencia en democracia, con el diálogo y la búsqueda de la verdad, apostando totalmente y confiando en la propia sociedad como reguladora de los acontecimientos humanos. Si esto era sí durante todo el tiempo que dialogaba, si él afirmaba vitalmente y con sus palabras su compromiso interno con la verdad y su búsqueda… tampoco en el momento final se negó a hacerlo.
La apología de Sócrates, su defensa y enfrentamiento último por el diálogo filosófico nos han dejado huella literaria de esta persona tan admirable.
Ni la muerte pudo contradecirle.
Filosofía en imágenes
Es una introducción, al menos a los nombres y la idea principal de cada filósofo. Alguna nota de humor tiene, pero en el fondo nos muestra bien cada uno de los filósofos con su pensamiento clave. No los relaciona, como sí ocurre en el famoso cuadro de la Academia. Sería un bonito trabajo, pendiente.
El mito de la caverna
Platón, en el libro VII de la República, escribe uno de los grandes pasajes de la historia. No es sólo un texto sino una gran reflexión sobre la situación de la humanidad y la teoría del conocimiento. Saber sobre Platón y leer el mito de la caverna es comprender la mayor parte de los conceptos que su pensamiento aporta a la historia. El señor de la “idea” (palabra que adquiere el significado que hoy le damos gracias a él)… Platón, discípulo de Sócrates.
Y uno más…
Platón y el amor
En otro post anterior puse el texto de El Banquete en el que Platón reflexiona de forma mitológica sobre el amor. Aquí añado, a aquella reflexión, un pequeño video.