Píndaro, Nemea VIII

 Hay quienes piden oro y otros, tierras ilimitadas, yo pido deleitar a mis conciudadanos, hasta que la tierra cubra mis huesos- un hombre que alabó lo digno de elogio y sembró la acusación contra los malvados. Pero la excelencia humana crece como una vid, nutrida del fresco rocío y alzada al húmedo cielo entre los hombres sabios y justos. Necesitamos cosas muy diversas de aquellos a quienes amamos, sobre todo, en el infortunio, aunque también el gozo: busca unos ojos en los que confiar.

La capacidad humana en Sófocles

Muchas con las cosas asombrosas, pero nada más asombroso que el hombre (…) Posee el habla y el pensamiento rápido como el viento, y todas las restantes mañas con las que se puede organizar una ciudad (…) Penetrante hasta más allá de lo que caprichosamente podríamos soñar es su fértil habilidad, sea para el bien, sea para el mal. Cuando honra a las leyes de su país, y mantiene la justicia que ha jurado ante los dioses respetar, se yergue orgullosamente sobre la ciudad; pero no tiene ciudad quien, atolondradamente, se enfanga en el delito.” (Sófocles, “Antígona“)

Filosofía contra el sufrimiento

Vacío es el argumento de aquel filósofo que no permite curar ningún sufrimiento humano. Pues de la misma manera que de nada sirve un arte médico que no erradique la enfermedad de los cuerpos, tampoco hay utilidad alguna en la filosofía si no erradica el sufrimiento del alma. (Epicuro)

Lo mejor en absoluto y en cuanto mejor (Aristóteles)

Es, por lo tanto, evidente que también es mayor lo que la sensatez aconseja más. E igualmente lo que es propio de los mejores, bien sea en absoluto o  bien en cuanto que mejores, como ocurre, por ejemplo, con la valentía respecto de la fuerza. Y también lo que eligen los mejores, sea de nuevo en absoluto o en cuanto que mejores. Por ejemplo: sufrir injusticia es más que cometerla, puesto que ello slo que escogería el más justo. Así como también es mayor lo placentero que lo que no lo es, dado que todos los seres persiguen el placer y apetece el goce por sí mismo y éstos son los criterios con los que hemos definido el bien y la finalidad. Por su parte, es más placentero  el goce que molesta menos y dura más. Y también lo más bello que lo menos bello, pues a decir verdad, lo bello es sinónimo de lo placentero o de lo que es preferible por sí mismo. Constituyen igualmente bienes mayores aquellas cosas de las que más querrían los hombres ser causa, bien para sí o para sus amigos; y, en cambio, mayores males aquellas de las que menos querrían ser causa.

Aristóteles, Retórica, Libro I, 1364b

Ovidio “Es preciso escuchar a un sabio cuando habla.”

” Haz promesas, pues ¿en qué te perjudican las promesas?, cualquiera puede ser rico en promesas. La Esperanza, una vez que se le ha dado crédito, se mantiene durante mucho tiempo: es una diosa engañosa, verdaderamente, pero que sin embargo presta sus servicios. Si llegas a hacer algún regalo, podrás ser relegado calculadamente: se llevará lo que tú le dejaste y no habrá perdido nada. Pero lo que no le regalaste, que siempre parezca que vas a regalárselo: así muchas veces un campo estéril engañó a su dueño; así el jugador, para no perder, no cesa de perder y vuelve a llamar al dado una y otra vez a sus manos ambiciosas. Ésta es la meta, éste es el objetivo: unirte a ella sin haberle regalado nada antes; y para no darte gratis lo que ya te dio, te lo seguirá dando.”

Aristóteles y la amistad

Quizá no todos sepan que la amistad es uno de los temas más recurrentes en la literatura clásica. Lo encontramos en el teatro, en comedias y tragedias por igual y en sus más amplias vertientes, lo disfrutamos como parte de las relaciones entre los grandes héroes épicos excentes en sus apuestas y en sus agitaciones. Cómo no puede vivir en la lírica, acompasado de esas palabras incomprensibles que se entrelazan desde el corazón. Sorprende también en los grandes discursos, en la primigenia narrativa de la oratoria que conservamos, y se hace presente en todas las discusiones filosóficas sobre el ser, sobre el mundo y, progresivamente, sobre la sociedad y la persona.

Pero quizá no todos saben que la Ética a Nicómaco guarda, como una joya, dos libros enteros a semejante acierto de la sociedad y del corazón humano. La necesidad, como se cuenta, de alguien fuera de la sangre y de los lazos circunstanciales con quien se comparte más allá de lo accidental, entrando poco a poco en la sustancia de la vida e incluso compartiéndola exageradamente.

Recomendación para una tarde de verano: Leer al menos, de tan gran obra, los dos libros recomendados.

Agradecería, si alguno se atreve, poder ir comentado en este post, poco a poco, este librito. Quizá por párrafos, accesibles en distintas páginas de internet, o quizá por frases.

Safo de Mitilene (1D)

Inmortal Afrodita, la de trono pintado,

hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego:

no a mí, no me sometas a penas ni angustias

el ánimo, diosa.

Pero acude acá, si alguna vez en otro tiempo,

al escuchar de lejos la voz de mi llamada,

la has atendido y, dejando la áurea morada

paterna, viniste,

tras aprestar tu carro. Te conducían lindos

tus veloces gorriones sobre la tierra oscura.

Batiendo en raudo ritmo sus alas desde el cielo

cruzaron el éter,

y al instante llegaron. Y tú, oh feliz diosa,

mostrando tu sonrisa en el trono inmortal,

me preguntabas qué de nuevo sufría y a qué

de nuevo te invocaba,

y qué con tanto empeño conseguir deseaba

en mi alocado corazón. “¿A quién, esta vez

voy a atraer, oh querida, a tu amor? ¿Quién ahora,

ay Safo, te agravia?

Pues si ahora te huye, pronto va a perseguirte;

si regalos no aceptaba, ahora va a darlos,

y si no te quería, en seguida va a amarte,

aunque ella se resista.”

Acúdeme también ahora, y líbrame ya

de mis terribles congojas, cúmpleme que logre

cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra

tú misma mi aliada.

Safo de Mitilene (mirada)

Sólo es hermoso el hermoso cuando alguien lo mira,

mas si también bueno es, lo será de por vida.

——-

¿Qué puedo hacer? No lo sé. Pues mis deseos son dobles.

Safo de Mitilene (1D)

Inmortal celeste, de ornado trono,

dolotrenzadora, Afrodita, atiende:

no atormentes más con pesar y angustias

mi alma, señora,

sino ven aquí, si mi voz de lejos

otra vez oíste y me escuchaste

y dejando atrás la dorada casa

patria viniste,

tras uncir el carro: gorriones lindos

a la negra tierra tiraban prestos

con sus fuertes alas batiendo el aire

desde los cielos.

Y llegaron pronto, y tú, dichosa,

con divino rostro me sonreías

preguntando qué me pasaba, a qué otra

vez te llamaba

y que qué prefiero que en mi alma loca

me suceda ahora: «¿A quién deseas

que a tu amor yo lleve? Ay dime, Safo,

¿quién te hace daño?

Pues, si huyó de ti, pronto irá a buscarte;

si aceptar no quiso, dará regalos;

te amará bien pronto, si no te ama,

aun sin quererlo».

Ven también ahora y de amargas penas

líbrame, y otorga lo que mi alma

ver cumplido ansía, y en esta guerra,

sé mi aliada.

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